26 sept. 2015

La solidaridad del pueblo

A 30 años del sismo
Martín Esparza Flores Revista Siempre
El trágico terremoto de 1985 que devastó a la ciudad de México puso al descubierto las dos caras diametralmente opuestas del país; una, representada por los flamantes tecnócratas, con Miguel de la Madrid Hurtado a la cabeza, que trataron de minimizar la catástrofe al señalar que la nación seguía de pie y en unos días volvería a la normalidad, desechando incluso la ayuda del exterior mientras en los escombros miles luchaban por su vida; la otra, fue el rostro de un pueblo valeroso y solidario que ante la criminal tibieza de sus políticos puso en marcha una cadena humana de ayuda pocas veces vista en el mundo.
Ante una ciudad caída y sin servicios, con más de 400 edificios en ruinas, otros cinco mil colapsados, así como una cifra incuantificable de víctimas, no fueron los políticos los encargados de poner orden al caos sino miles de enfermeras, voluntarios, médicos y trabajadores como los miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas, que con su esfuerzo ayudaron a que servicios públicos como el transporte, la energía eléctrica y el abasto de agua potable se rehabilitaran a la brevedad, posibilitando el funcionamiento de los hospitales para atender a los heridos. Por días enteros y con la mayor de las imprudencias, el entonces presidente de la república mantuvo las fuerzas armadas al margen de las labores de salvamento.

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