26 oct. 2014

La Reforma y los empréstitos de Maximiliano

Deuda pública y sus ocultos beneficiarios
Martín Esparza Flores Revista Siempre
—II—
Desde hace dos siglos, México arrastra el pago de los intereses de su deuda como un eterno lastre que ha crecido geométricamente hasta transformarse simbólicamente en las modernas cadenas de un colonialismo que han acosado al país desde su independencia y a todo lo largo de su historia. El triunfo de la Guerra de Reforma, a mediados del siglo XIX, logró frenar, por un breve periodo, la amenaza mundial ejercida entonces por España, Inglaterra y Francia, cuando el presidente Juárez rompió relaciones con las naciones agresoras.
Desde la proclamación de Independencia, con el ascenso al poder de Agustín de Iturbide, y ante la ruina en que dejaron al país los gobiernos virreinales, los empréstitos al exterior fueron considerados como la manera de afrontar la ruina de las finanzas públicas; Iturbide pactó las dos primeras inyecciones de recursos en condiciones por demás desventajosas pues los banqueros ingleses, entonces los mayores prestamistas del mundo, aceptaron otorgar a México dos préstamos de 16 millones de pesos cada uno, bajo el requisito de aceptar el pago por adelantado de exorbitantes intereses y ominosas comisiones que redujeron los 32 millones a la risible suma de 11.8 millones de pesos.

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