13 abr. 2015

San Quintín: el sistema autoritario entra en crisis

Martín Esparza Contralínea

El movimiento de los jornaleros del Valle de San Quintín, estallado en la madrugada del pasado 17 de marzo, es el despertar de uno de los sectores más pobres y explotados del país, cuya situación infrahumana nos conduce a revivir las condiciones en que subsistían hace más de un siglo los hombres del campo, quienes cansados de dejar su vida en los surcos a cambio de mendrugos decidieron tomar el camino de las armas para dar un giro contra el tiránico régimen de Porfirio Díaz, que otorgaba todas las garantías y privilegios a los hacendados extranjeros y del país para enriquecerse a costa del hambre y la miseria de miles de mexicanos, para quienes las leyes no existían. Hoy, en pleno siglo XXI, y de manera indignante, estamos en el mismo punto de partida.

¿Qué produjo esta inadmisible regresión social en México? ¿Cómo es posible que los gobiernos, legisladores y autoridades de todos los partidos hayan permitido la acumulación de injusticias de tales dimensiones, al grado de consentir una autorizada esclavitud, no únicamente en los campos agrícolas de Baja California, sino otras entidades como Jalisco, Colima y Baja California Sur, donde en esta última, en municipio de Comondú, el propio secretario de Trabajo y Previsión Social, Alfonso Navarrete Prida, aceptó la inhumana explotación de indígenas tarahumaras?

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