7 jul. 2012

Y después de votar… el fraude estaba ahí

Martín Esparza-Revista Siempre

Inaudito lo que millones de mexicanos atestiguaron la noche del primero de julio: con apenas el 10 % de las casillas computadas en el país, el presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), Leonardo Valdés Zurita, se transformó en un cantinflesco prestidigitador que extrajo, cual conejo de la chistera, a Enrique Peña Nieto para mostrarlo como el triunfador indiscutible de la elección presidencial, adjudicándole porcentajes de votación que ni siquiera el PREP confirmaba.

Por todo el país miles y miles de representantes de casilla apenas y concluían sus conteos y firmaban las actas, pero de acuerdo a las autoridades electorales, ya había ganador. ¿Por qué tanta urgencia? ¿De dónde sacaba Valdés Zurita tan temeraria conclusión? ¿Qué no se había acordado transparentar la voluntad y el voto de millones de mexicanos?

Quedó en claro desde el primer momento que la farsa oficial montada para anular el triunfo de Andrés Manuel López Obrador ya estaba en marcha contando con la venia de un panismo que se desfondó hasta la tercera posición de las preferencias y que encontró en los medios electrónicos, sobre todo en el duopolio televisivo, a su aliado natural para tratar de burlar la voluntad mayoritaria de la población que desde temprano acudió a votar por un verdadero cambio. Y que ahora, en justicia, pide y exige respeto absoluto a su voluntad expresada en las urnas.

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