30 jun. 2012

En manos del IFE, el rumbo del país - Martín Esparza

Que se respete el sufragio

Revista Siempre

El Instituto Federal Electoral, como instancia encargada de organizar y vigilar el actual proceso electoral y los resultados que del mismo emanen, tiene en sus manos el rumbo del país y la ineludible responsabilidad de hacer que el sufragio mayoritario de los mexicanos se respete.

Hoy más que nunca millones de mexicanos votan en conciencia por un proyecto de nación que les ayude a superar su lacerante realidad vivida en el sexenio de Felipe Calderón donde la pobreza y el desempleo se acrecentaron al grado de llevar a los extremos de la miseria a 52 millones de habitantes.

A diferencia de hace seis años en que los jóvenes y otros sectores sociales se mantuvieron pasivos ante la elección presidencial, hoy despertaron uniendo su voz crítica a la demanda de una sociedad anhelante de un auténtico cambio en el modelo económico que no sea más de las reediciones del pasado del PRIAN, cuyo inmoral concubinato tiene al país a merced de la violencia, el estancamiento económico, la inseguridad y las trasnacionales que se han apoderado de nuestros recursos energéticos como la electricidad.

La guerra sucia empleada para denostar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, con un costo de cientos de millones de pesos de gastos extraoficiales —no auditados por el IFE—-, fue insuficiente para minar el ascenso de su campaña, arropada no por los medios de comunicación ni los grupos de poder incondicionales al duopolio partidista, sino por el pueblo en su conjunto. Esa gente que en la montaña, en la ranchería, en el municipio más apartado o en las marginadas colonias populares de las grandes ciudades se le entregó al candidato de MORENA. Y ésa es la gran diferencia entre el candidato de las izquierdas y los del PRIAN, su mayoritario sustento social, no sujeto a ninguna negociación poselectoral pues representa la voluntad del pueblo mismo.

El IFE ya no podrá echar mano del aparato de los medios masivos para desactivar un reclamo ciudadano que exige limpieza en el proceso y el respeto a su voto; millones y millones tomaron conciencia desde hace semanas que las artificiales encuestas no son el reflejo de su realidad ni de sus necesidades, pues por primera vez en muchos años, en las universidades, en los centros de reunión o de trabajo, y hasta en los hogares, ha existido una coincidencia de opiniones, un sentido crítico por despertar de la manipulación impuesta en décadas por los consorcios televisivos al servicio del PRIAN.

Innegable que el rechazo electoral al PAN fue ganado a pulso; en el sexenio de Felipe Calderón no hubo millones de empleos pero sí millones de palabras vacías; todo se intentó resolver con ilegales e insultantes decretos, como el que extinguió a Luz y Fuerza en octubre del 2009, o el que trató de instituir la tragedia de los niños de la guardería ABC en Día de Luto Nacional. Podría decirse que hasta la esperanza del pueblo de México la quisieron suprimir por decreto.

Intoxicarse con una sensación de victoria asegurada no es más que el reflejo de la intolerancia a un auténtico cambio, y México no puede ni debe seguir igual: millones de jóvenes y de padres de familia enfrentan la difícil situación de encontrar un empleo bien remunerado y no chambas de segunda como las que ha planteado la reforma laboral del PRIAN, muy al estilo Wal-Mart; con los 60 mil muertos de la guerra fallida contra el narco podría erigirse una necrópolis de regular importancia; hay 52 millones de pobres contra multimillonarios de la lista Forbes como Carlos Slim o Lorenzo Zambrano; los campesinos e indígenas mueren de hambre por la indiferencia oficial y deben ser auxiliados con programas emergentes como sucedió con los rarámuris de la Sierra Tarahumara; y siendo un país con vastos recursos energéticos enfrentamos desmedidos cobros en la electricidad, el gas y las gasolinas, al entregar su explotación a las trasnacionales.

El voto en conciencia del pueblo de México debe ser tomado en cuenta y respetado por el IFE. No hacerlo será medir, ahora sí, el verdadero pulso de la indignación nacional. Que ha dado, desde hace varias semanas, un no colectivo al continuismo político y económico del PRIAN.

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