25 de dic. de 2011

Un cuento de navidad. "EL COMPAÑERO"

Vía Facebook, Humberto Montes de Oca

El compañero, entro de noche a la plaza, recorrió a sus anchas los diez metros cuadrado donde sembró su carpa hace unos meses. Miro al cielo nocturno y creyó ver que era de día, en las alturas de su imaginación encontró al sol y sin prisa, camino a buscar la sombra del asta bandera. Se formó atrás de un alguien ausente, abotonó al cuello el último botón de su chamarra, bajó de sus hombros una pequeña silla plegable y se sentó solitario a esperar la noche buena.

La plaza esta prácticamente vacía y sin embargo en ella entran y salen sus recuerdos, agitados por el viento frio de la noche y la emoción de sentirse de regreso en casa. A lo lejos se escuchan villancicos navideños que vienen sonoros desde la pista de hielo, mientras las luminarias decorativas de los edificios público del gobierno del D.F. acomodan sus destellos por encimas de los autos que alcanzaban a cruzar por estas calles citadinas reservadas para los festejos de esta noche.

De su mochila, sacó un montón de papeles, uno a uno los fue desdoblando, con mucha paciencia. Uso su pequeño celular como lámpara y buscó entre los recortes del periódico esa foto que publicó la Jornada donde pudo mirarse con orgullo al lado de los demás compañeros gritando con el puño en alto. Por un momento, se sintió en el vértice de la historia miro hacia Palacio Nacional y no pudo evitar mirarse dentro de la foto color sepia donde al frente marchan sonrientes Adolfo López Mateos y Luis Aguilar Palomino, un 27 de septiembre de 1960. Sonrió a esa revelación y pensó en la actual lucha de resistencia del SME reconfortado por el papel periódico que estiraba entre sus manos.

En medio de la noche leyó otra vez la historia que ya conocía. Policía Federal asaltando el edificio de Verónica, la imagen del “presidente del empleo” destrozando la vida de miles de familias electricistas, la traición del marrano Muñoz y las intensas jornadas de resistencia que a lo largo de dos años nos han mantenido de pie, hasta llegar a marzo pasado y los meses de ocupación del Zócalo de la ciudad de México.

Recordó el arrebato del viento empujando las carpas del campamento al cielo, se miro abrazado al mástil de un barco en un océano de cemento, volteó con el alma en vilo hacia la carpa donde ya no estaba la huelga de hambre y respiró hondo cuando solo vio, como en una isla desierta, a un par de chamacos intentando volar un papalote.

Volvió a la multitud reunida en asamblea, estaba de pie bajo el calor intenso del sol, cuando Martín nos dijo que nadie tenía que rendirse y que la lucha sería de una resistencia prolongada. Podía escuchar el eco de las voces que se entrecortaban cuando el 5 de Julio del 2010 la Suprema Corte de Justicia voto a favor de la constitucionalidad del ilegal decreto de extinción de Luz y Fuerza.

Unas gotas de su sudor cayeron sobre la plancha de cemento, como ese día volvió a sentir un vació en el estomago, sintió como el desbocado pulso de su corazón desgarraba su pecho, sintió como sus ojos se llenaban de rabia y como de las profundas aguas de su naufragio surgió ese grito imponente que rompió el silencio ¡SME! ¡SME! ¡SME!. ¡Nos vieron nacer nunca nos verán morir!. La multitud agitada repetía una y otra vez las consignas, hasta que una señora que cargaba un bebe dentro del rebozo le estiro la mano para pedirle unas monedas.

Después de cooperar recobró el aliento. La sirena de una ambulancia y la señora del rebozo lo devolvieron a la plaza. Se estaba haciendo tarde. Pensó en llegar a su casa para decirles a su hijos que celebrar la navidad es siempre celebrar un nacimiento. Quiso ensayar frente a la catedral unas palabras de agradecimiento hacia sus padres, hermanos, su esposa y sus hijos por estar con él en la resistencia, por ser parte del movimiento. Y recordó la frase que apenas leyó en un boletín del sindicato: “Somos Smeitas, somos Patria, somos Prole, NO NOS RENDIMOS… RESISTIMOS”. Terminando la frase, el compañero se obligó a preguntarse… ¿Habrá algo que celebrar esta noche?

Y el mismo se contesto mientras caminaba a la estación del metro. Si hay que celebrar, hay que celebrar que estamos vivos, que no pudieron derrotarnos, que el pinche Lozano se fue sin poder doblegar al sindicato. Hay que celebrar que estamos cerca de alcanzar la victoria, que tenemos las esperanzas que los liquidados no tienen.

Intempestivamente, se detuvo, volteó hacia la catedral en dirección al altar de la virgen de Guadalupe y con perdón y permiso suyo, le mentó la madre, uno por uno, a todos los funcionarios que firmaron el decreto de extinción. Cuando termino, se dijo así mismo, nuestro movimiento es también un nacimiento. Si eso es….seguro que sí, el nacimiento de nuestra conciencia de clase, el nacimiento de nuestra incorporación a la lucha política, el nacimiento de la solidaridad entre nosotros, el renacimiento de nuestra dignidad, el renacimiento de nuestro…

En eso estaba cuando sonó el timbre de la lámpara celular.
¿Donde andas? –le pregunto su mujer-.
Vine al Zócalo a dar una vuelta, No me tardo.
A quién se le ocurre. Pues apúrale que ya es bien noche.
¡Ya voy!, ¡Ya voy! -contesto- … tengo mucho que platicarles.
De regreso a casa, el compañero se fue repartiendo volantes por los andenes del metro.





José Humberto Montes de Oca.
24 de diciembre del 2011.


¡¡ A DONDE QUIERA QUE ESTEN LES DESEO UNA FELIZ NAVIDAD COMPAÑER@S!!
“Somos SMEitas, Somos Patria, Somos Prole. NO NOS RENDIMOS. RESISTIMOS"